LA INSANA CONVIVENCIA
Vivir en un edificio, en un country o en cualquier tipo de urbanización supone compartir espacios, relaciones cotidianas y también problemas. Siendo parte de un condominio se deberá observar el Reglamento de Convivencia o al menos básicas normas de la buena educación para no invadir con nuestra libertad los derechos del otro y poder convivir adecuadamente. Durante el 2020, año que tuvimos que permanecer 24/7 dentro de nuestras casas, se multiplicaron exponencialmente los roces y también las quejas ante los administradores de consorcios, el teléfono no paraba de sonar y en el top ten del ranking se encontraban los “ruidos molestos”, originados por infinidad de situaciones: música de fiesta a cualquier hora, cualquier día de la semana y hasta la madrugada, TV a alto volumen, discusiones matrimoniales, ladridos de perros, etc. Siguen la lista de reclamos, de manera permanente: ensuciar o dejar basura en espacios comunes, autos mal estacionados, perros sueltos que hacen sus necesidades, malos olores, piletas sin mantenimiento, roedores, dengue, sospecha de enfermos de Covid… etc., etc., etc. Todos llaman al administrador para hacer su reclamo, lo cual es correcto, pero pretenden que les dé solución inmediata a su problema, lo cual no siempre es posible. El administrador procede según el reglamento, es decir, notificará al infractor sobre la trasgresión, aplicará multa si amerita la situación y también podrá mediar entre propietarios ante algunos conflictos pero no podrá resolverlos a todos. Cuando por la vía del diálogo no se consiguen resultados que satisfagan a las partes se deberá recurrir a otra instancia, como denuncias en la defensoría del pueblo o mediaciones judiciales, por ejemplo. Un buen administrador alentará el diálogo, mantendrá informados a sus propietarios sobre el reglamento vigente y las normas de convivencia y logrará canales de comunicación fluida, pero quienes realmente tienen la responsabilidad de lograr una sana coexistencia entre sí son los propios residentes, son ellos mismos los encargados de mantener limpios sus lugares comunes, respetar las normas y el orden. Muchas veces sólo con elevar los niveles de tolerancia, participar de las reuniones consorciales, cumplir con el reglamento o pagar puntualmente las expensas, ya tenemos garantizada una sana convivencia. Recordemos siempre: “No le hagas al otro lo que no te gustaría que te hagan a vos”. No podemos elegir a nuestros vecinos, pero podemos elegir como queremos llevarnos con ellos.
Ximena Paso Viola
Administradora Profesional de Consorcios
CEO de ESTUDIO PASO VIOLA

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